Juan Luis Arsuaga, paleóntologo, codirector de los yacimientos pleistocénicos de Atapuerca, en Burgos; “Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica” y “Premio Castilla y León de Ciencias Sociales y Humanidades”, entre otros, puso fin a la jornada de conferencias del viernes. Su ponencia se basó en una exposición de hechos que testimoniaron que nuestras capacidades para comunicarnos por medio de símbolos son la base biológica y filosófica de la capacidad del lenguaje hablado.
Nos acercó a la cotidianidad de nuestros antepasados homínidos, quienes fueron capaces de fabricar sus propios utensilios a través de una primitiva pero efectiva labor de diseño. Estos objetos y signos unidos sólo pueden ser entendidos por la comunidad que los reproduce, afirmó Arsuaga, de manera que nuestros antecesores dotaron a sus objetos de un valor simbólico y los incorporaron a su vida cotidiana. En su opinión, los diseñadores se enfrentan a un problema doble: las cosas tienen que funcionar para lo que han sido servidas y tienen que gustar; es decir, tienen que cumplir con una función social que puede expresar ideología o identidad técnica.

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